Dios no nos llamó a vivir en pequeño, ni a pensar en pequeño.
No fuimos creados para quedarnos estancados, con una fe limitada o una mente conformista. Dios nos llamó a crecer, a madurar y a caminar con propósito.
Cuando vivimos alineados con Su voluntad, nuestra vida deja de girar alrededor de lo pasajero y comienza a moverse hacia lo eterno. Cumplir el propósito de Dios no es solo una meta espiritual; es una de las cosas más grandes y trascendentes que un ser humano puede hacer en la tierra. Ahí es donde nuestra vida cobra verdadero sentido.
Dios piensa en grande porque Él es grande, y Su propósito para ti está diseñado para llevarte más allá de tus miedos, límites y excusas.
Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
Efesios 2:10
No fuiste llamado a sobrevivir, fuiste llamado a cumplir un propósito.